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viernes, 28 de septiembre de 2012

FeCal no quedó satisfecho!!

FeCal no quedó satisfecho!!!..... tras seis años de destrozar al país, y...es que a tan sólo tres meses de dejar Los Pinos el susodicho envió (el pasado primero de septiembre) a la Cámara de Diputados su iniciativa preferente de (contra) reforma laboral. Así, a los recién estrenados inquilinos de San Lázaro se les concedió un plazo de 30 días para aprobarla, corte y confección incluido. Con insólita velocidad los legisladores han procedido, y en tiempo y forma (la práctica del reloj parlamentario corrige cualquier desfase en los tiempos) aprobarán el último regalo infame (eso esperamos) del que ya se va. Todo, desde luego, para vivir mejor!!!. Los inquilinos de San Lázaro materializaron otro de los enfermos caprichos de Calderón para extinguir a la mayoría de los mexicanos. Si no hace mucho la fórmula era mátenlos en caliente, ahora el truco de la democracia de, por y para los empresarios es mátenlos por hambre, mediante el outsourcing, la flexibilización laboral, la contratación parcial, los salarios de hambre, y demás gracias incluidas en una (contra)reforma que es necesaria y puede ayudar mucho a que México aproveche esta ventana de oportunidad para su crecimiento económico, a diferencia de lo que está sucediendo en el mundo. Esto le conviene a México. Esta reforma solamente trae garantías para los trabajadores y sus derechos, como el de huelga. Al mismo tiempo flexibilizamos la forma de contratación (N. de la R.: el despido, en realidad), sin olvidar que se deben cumplir todas las obligaciones, sobre todo, en la protección del trabajador (¡Zas!).

miércoles, 26 de septiembre de 2012

pobres trabajadores!!!...Si no se cumple la actual Ley Laboral..menos la "Reformada"..

Por poco más de cuatro décadas de vigencia de tal ordenamiento ha sido sistemáticamente violado por patrones y gobierno (aunque en estos menesteres las dos administraciones panistas se llevan la palma), de tal suerte que para ellos modernizar no es más que legalizar esas prácticas y llevarlas mucho más allá, aunque sea contrario al espíritu constitucional y a los intereses de los trabajadores, que forman la mayoría nacional. Opino que patrones y gobierno (federal actual) deberán estar orgullosos, porque dicha transgresión no la han limitado a la ley que ahora pretenden modernizar. Por la misma entrepierna se han pasado todas las normas laborales existentes: Para muestra..un botón: - desde la obligación de inscribir en el IMSS al total de sus trabajadores (a estas alturas sólo uno de cada tres), -con el salario que realmente pagan (suelen registrarlos con menor ingreso), y -cubrir íntegramente las cuotas respectivas (que evaden con frenesí), -hasta las más elementales medidas de seguridad e higiene laboral (recuérdese Pasta de Conchos o la ABC), -sin olvidar las del Infonavit y a la Constitución misma, en su capítulo relativo al salario mínimo, cuando menos. De hecho nadie sabe de qué se quejan, pues con tales violaciones sus utilidades han crecido velozmente, a la par de la precarización del empleo y la pobreza de los mexicanos. Y para colmo, todavía quieren que los trabajadores les den las gracias, porque según ellos todo es en su beneficio (de ser así, entonces por qué San Lázaro está rodeado por miles de ellos que protestan, ¡sorpresa!, contra la citada modernización). No es un secreto que si a lo largo de cuatro décadas los patrones, en connivencia con el gobierno, han hecho lo que se les ha pegado la gana con la obsoleta Ley Federal del Trabajo (cuyo arcaísmo, en todo caso, es responsabilidad del Congreso, no de los trabajadores), entonces habrá que imaginar hasta dónde llegarán con una reforma laboral "expedita, moderna y a modo". Lo mejor del caso es que sus promotores exigen a los mexicanos que les den las gracias, porque ellos serán los ganones. Por ejemplo, uno de los beneficios, según dicen, es que podrán contratarse por hora. ¿A cómo la hora?: siete pesos con 50 centavos, antes de modernizarse la legislación vigente; después habrá que esperar una paga menor. Ni para el camión, y en eso de la seguridad social la solución es sencilla: que no se enfermen. De la mano, patrones y gobierno sistemáticamente violan la Constitución y la ley laboral. Ordena la primera que los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos; los salarios mínimos profesionales se fijarán considerando, además, las condiciones de las distintas actividades económicas. Pues bien, en términos nominales el salario mínimo promedio nacional es de 60 pesos, en números cerrados, y en términos reales de 10 pesos, de acuerdo con la información de la mismísima Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, es decir, la institución encargada, por ley, de atender el citado ordenamiento constitucional y vigilar que nadie lo incumpla. De acuerdo con la Cámara de Diputados, en sus 95 años de vigencia el artículo 123 constitucional ha sido reformado en 23 ocasiones (ocho de ellas, 35 por ciento del total, en tiempos del neoliberalismo a la mexicana): la primera (6 de septiembre de 1929) durante el mandato de Emilio Portes Gil; la más reciente (24 de agosto de 2009), con Felipe Calderón como inquilino de Los Pinos. Una de las modificaciones (14 de febrero de 1972, creación de Infonavit) obligaba a todas las empresas a realizar aportaciones económicas a un fondo nacional de vivienda para que los trabajadores obtuvieran créditos baratos y suficientes para adquirir vivienda digna. A estas alturas, e independientemente de las cajas de cerillo que se construyen como vivienda de interés social, México registra un déficit mayor a 8 millones de viviendas. ¿Qué falló? Pues que, entre otros factores, un número creciente de empleadores, con la venia gubernamental y mucho antes de la moderna reforma laboral, se pasó por el arco del triunfo la ley respectiva.

lunes, 30 de enero de 2012

"AQUI NADIE SE VA A MORIR DE HAMBRE"

Es vergonzante que Felipe Calderón diga las falacias que dice: "aquí nadie se va a morir de hambre, nadie se va a morir de sed". Mientras su equipazo de "funcionarios" que atienden lo social, ellos, desde elegantes despachos donde se acumulan las estadísticas de asesorías y consultorías nativas y extranjeras, apresuraron el paso para solicitar apoyos, despensas, cobijas, maíz, frijol y algunas latas de atún para los rarámuris atrapados en la vieja miseria y por la hambruna que vino con la sequía más cruel de los últimos 70 años. Mientras en Davos Felipillo Calderón habló en inglés... el mandatario de los millones que se suman a la pobreza creciente mexicana y se aproximan al hambre y la desolación de las tierras flacas, de la aridez de la incuria y el desdén, donde los niños que llegan a los tres años de edad no han visto llover, donde el ganado mayor y menor deja de ser semoviente para convertirse en mojoneras cadavéricas del desierto que navegan los mexicanos desde Sonora y Chihuahua hasta Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Zacatecas y San Luis Potosí. En Zongolica, Veracruz, y en las serranías poblanas de Huauchinango y Teziutlán, los pobres cuentan sus granos de maíz y ven las cumbres del Popocatépetl sin nieve, gris la blancura eterna del guardián de la región más transparente. Chihuahua, la Tarahumara de leyenda, de paisajes deslumbrantes y fantasías sobre la conversión de los rarámuris que corren tras el venado hasta agotarlo, en competidores de maratonistas que compiten por medallas de oro en juegos olímpicos. Hoy bajan lentamente, amargamente, huyendo de la hambruna que los alcanzó, que nos alcanzó. Miles de hombres, mujeres y niños han llegado a Chihuahua, ciudad capital, tierra de Abraham González. Miles se acercan a los poblados más o menos bien comunicados de la sierra en espera de maíz para sus tortillas, para el pinole, para sobrevivir. Se insiste, "Aquí nadie se va a morir de hambre". Sabemos que la desnutrición mata y condena al que la sobrevive a padecer sus efectos destructores de por vida. Aunque lo hiciera al calor de las filantrópicas medidas que en México confunden con políticas sociales, la caridad del programa pomposa, engañosamente, llamado Oportunidades; buenas intenciones que han empedrado el camino al infierno de la pobreza que se reproduce a sí misma. Y a perpetuar la injusticia, la profunda herida de la desigualdad, el olvido de la permeabilidad social. Da lo mismo un oidor virreinal que un burócrata decimonónico o un aspirante a tecnócrata. Inflexibles las reglas. Los pobres tienen que aceptar su condición, cumplir los requisitos amorosamente diseñados a mil años luz de distancia, desde el pavimento urbano. Los funcionarios disfuncionales, en los meses de secano que anunciaba cultivos perdidos, ganado muerto, hambre en la población de la Tarahumara, excluyeron a 20 mil rarámuris del generoso programa. Veinte mil del censo de nuestra fábrica de pobres, 20 mil que se acuestan sin cenar y no desayunan, fueron excluidos de los programas alimentarios, energéticos, de becas escolares y atención sanitaria. Además, de ser privados de 950 pesos mensuales, porque no cumplen con las reglas de operación, no han sido corresponsables, no asisten con regularidad a las consultas médicas. Las clínicas más cercanas a las rancherías de los excluidos están a 12 horas de camino, de caminata, y "no acuden con regularidad", "no cumplen con las reglas". Hoy, todos padecen el hambre y la desesperanza, los que cumplen y los que no cumplieron. Pero ya llegan helicópteros con despensas a los sitios de más difícil acceso. Ya habrá tiempo de volver a imponer la obediencia a las reglas. Pero este es el momento de exigir que se cambien los programas caritativos por una política social de Estado y que los funcionarios vayan a la montaña y no exijan que los indios caminen 12, 24 horas para asistir a las consultas. Para que nadie muera de hambre hay que producir alimentos, rehacer las instituciones de atención al agro, de crédito, de sanidad, de asistencia técnica, de apoyos y servicios, desde semillas hasta bodegas para los cultivos y accesos al mercado. A estas alturas parece seguro el retorno del PRI a Los Pinos. Los tres precandidatos del PAN se han empeñado en combate imaginario que no entusiasma ni a sus respectivos padrinos, financieros y adherentes. Para su desgracia, los mexicanos agobiados por el desempleo son asiduos de las llamadas redes sociales y al debate sobre los debates en México